jueves, 7 de mayo de 2026

Madre

 


Es fascinante cómo cambia nuestra perspectiva de las cosas a medida que crecemos, maduramos, vivimos…

No sabría decir si hace mucho o poco, el tiempo es, cada vez más, relativo. Pero sí sé que se siente como si hiciese entre segundos y una eternidad…

Cuando hablo con alguien de cosas que cuesta entender hasta que las sientes, siempre pongo de ejemplo a mi madre. Siempre cuento ese recuerdo tan cercano y distante a la vez, en el que era incapaz de comprender el por qué mi madre a veces tenía que salirse de lugares abarrotados de multitud. Un día me dijo que se trataba de ansiedad.

Ansiedad… Yo no tenía la menor idea de qué era eso.

Reconozco, avergonzado y sintiendo repudio de mi yo de aquel entonces, que llegué a reírme, e incluso enfadarme en aquellas situaciones.

Por suerte no tardé demasiado en comprender a qué se refería. Y sí, digo por suerte y no por desgracia, pues prefiero sentir la ansiedad en mis carnes y comprenderlas, a seguir juzgando desde la ignorancia a quienes la sufren.

Y fue con el tiempo y con experiencias similares lo que reforzaron lo que, para mí, es una de las mejores enseñanzas o valores que me inculcó mi madre:
No juzgues a nadie. Cada uno está librando su propia batalla.

En sus propias palabras: “en la vida solo vemos pequeñas pincelas…”.

Yo comprendo, y de la misma manera, tampoco juzgo a aquellos que no pueden evitar juzgar. Cada persona, cada alma, siente las cosas a su propia manera.

Fue así como, entre muchas otras cosas, comprendí que aquello no mostraba debilidad por parte de mi madre. No, tener que salir de la tienda no le hace débil. Al contrario.
Creo que no hay mayor signo de valentía que el exponerte a algo, a un peligro, a una situación que sabes que te hará pasarlo mal.

No importa que tengas que salirte de la tienda, lo verdaderamente importante es el hecho de que has salido de casa, has ido hasta allí, has entrado, y has aguantado el tiempo que sea. Eso es valor, es valentía.

Mi madre nunca ha sido una persona débil, no. Es una persona valiente, que se ha expuesto una y otra vez a cuando peligro apareció en el camino.

 

Por otro lado, también me enseñó que la fuerza se presenta de diversas formas.

No eres más fuerte por golpear más duro.
No eres más fuerte por no llorar.
No eres más fuerte por no sentir.

La verdadera fortaleza reside en aguantar los golpes.
Reside en permitirte llorar sin miedo.
Reside en, pese al dolor, permitirte sentir.

Tengo la gran suerte de reconocer fácilmente la fortaleza en las personas, pues he tenido grandes ejemplos de ello. Aunque en esta entrada me voy a centrar en uno solo:

Reconozco la fortaleza porque me ha criado una persona que, sin importar qué, sin detenerse ante los golpes, sin dejarse avasallar por nadie, siempre ha seguido ahí. Siempre ha seguido en movimiento, aunque fuese dando vueltas por el pasillo de madrugada.

Reconozco la fortaleza porque he visto como mi madre ha superado cada obstáculo de la vida sin rechistar. Y os aseguro que no han sido pocos los golpes y los impedimentos.

Hubo tormentas de una magnitud que solo Dios sabe, hubo momentos en los que la vida llegó a extremos de los que no parecía haber salida… Y ella siempre estuvo ahí, sin importar qué.

No ha sido fácil, y reconozco que a veces, yo mismo lo he complicado. Pero ella siempre está ahí. Para mí, para mi hermana, para quien lo necesite.

Porque eso es otro de los valores que más admiro; la bondad.

Sabe Dios que ha tenido motivos más que de sobra para volverse una mala persona, para contestar de malas formas, para apartarse cuando alguien no ha merecido ayuda… Pero ella está ahí.

Doy gracias a que es algo que yo mismo he interiorizado. Puede venir en una situación muy precaria alguien que me ha hecho mucho daño, que yo no voy a dudar en ayudarle. Ante todo, somos personas, seres vivos, almas. No dejaré que el sediento muera deshidratado si tengo agua para ofrecerle.

 

Creo que mi madre siempre ha sido (y sigue siendo) como un rayo de luz para aquellas personas que caminan en la oscuridad.

A lo largo de mi vida he visto a mucha gente muy perdida acudir a ella, y he visto con mis propios ojos como muchísima de esa gente encontraba su camino gracias a esa luz.

Como si fuese un faro que ayuda a los barcos perdidos a encontrar su puerto… Y como pasa con los faros y los barcos, muchas de esas personas se marcharon para no volver.

Pese a ello, ella siempre está ahí. Dispuesta a arrojar luz sobre los demás, aunque a veces ella misma está a oscuras. Siempre dispuesta a recordarnos a todos que “lo mejor está por llegar”.

Sinceramente, yo no sé si lo mejor está por llegar o no, pero sé que, sabiendo que ella está ahí, lo que venga no será tan malo.

 

Como decía al abrir esta entrada, la vida nos abre nuevas perspectivas a medida que crecemos.

Hace poco, por ejemplo, me di cuenta de algo que no se me había pasado antes por la cabeza.

Mucha gente y muchas veces, y me incluyo en esto, nos hemos metido con mi madre por “cutre”. Expondré alguna de esas situaciones.

Cuando alguna cosa se rompe, o falla, o necesita alguna cosa, siempre verás a mi madre con su fiel pistola de pegamento para hacerle un apaño que solvente el problema en cuestión.

Otra situación es cuando, por ejemplo, ha necesitado cubrir algo en el jardín, en casa… Donde sea. Ella no duda en agarrar un puñado de bolsas o sacos de basura, unas tijeras, celo, y te prepara en un santiamén una carpa, una funda protectora, un toldo…

Y con esas mismas bolsas de basura, y otras cosas, te crea un montón de adornos para Halloween, consiguiendo que la casa sea la envidia del barrio.

Sé que mucha gente, al leer estas situaciones, pensará “qué cutre…”, pero yo os doy la perspectiva que encontré hace poco:

Donde unos ven algo cutre, yo veo resolución de problemas.
Donde unos ven algo cutre, yo veo pensamiento lateral.
Donde unos ven algo cutre, yo veo supervivencia.

Veo a una mujer a la que la vida nunca se lo ha puesto fácil, que no ha tenido apoyo, ni medios, ni a veces recursos suficientes, pero a la que nada de eso le ha impedido salir adelante.

Siempre ha encontrado la manera de superar cada obstáculo, de solucionar cada problema, de sobrevivir sin necesitar depender de nadie.

Algunos verán cutrez, yo veo ingenio, imaginación, fuerza, voluntad, valor.

Veo a una mujer valiente, fuerte e ingeniosa, que ha solucionado cada problema que se ha encontrado.
Veo a la mujer que siempre ha estado ahí, que siempre ha luchado, que siempre lo ha dado todo por nosotros.
Veo a la mujer que me inculcó el amor por la escritura, la empatía, la comprensión, el valor, la independencia…
Veo a la mujer que me dio la vida, y que me la salvó en numerosas ocasiones.

Veo a mi madre, y no puedo estar más orgulloso de ella.

Gracias por estar ahí siempre.

 

2 comentarios:

  1. Gracias por verme asi. Me han emocionado tus palabras y tambien me han echo reír. Yo siempre me he considerado una persona miedosa y débil, para nada valiente. Si de la vida de los demas solo comocemos pinceladas, es verdad y las apariencias muchas veces engañan y mucho. Yo estoy muy orgullosa de ti, por todo lo que has superado,por tu inteligencia, por el buen hombre en el que te has convertido por tantas cosas. Agradezco por todo lo que compartes conmigo ,por tu confianza y tu cariño. Gracias por verme asi y por tus palabras. Te quiero mucho niño.

    ResponderEliminar
  2. P.D. Perdona si tengo faltas de ortografía y si alguna palabra no esta bien escrita, ya sabes que las palabras y yo no nos llevamos muy bien, aunque me esfuerzo todo lo que puedo. 😘

    ResponderEliminar

¿Qué se te pasa por la cabeza, Habitante?

Madre

  Es fascinante cómo cambia nuestra perspectiva de las cosas a medida que crecemos, maduramos, vivimos… No sabría decir si hace mucho o po...