viernes, 17 de octubre de 2025

Desconexión

 


Estamos en una era en la que conectar con otras personas es más sencillo que nunca. Hay mucha más accesibilidad a información, datos, personas… Ahora podemos mandarle una “carta” a alguien en la otra punta de la Tierra en apenas segundos.

Tenemos la posibilidad de conocer muchas y diversas opiniones, de hablar, de debatir… De comprender.

Últimamente se escucha aquello de que el mundo es un lugar más comprensivo ahora, más tolerante, más inclusivo…

Sinceramente, para mí es una disonancia cuando nos paramos a analizar algunos datos. No entraré en detalle, todos sabemos bien que la estadística tiene una profundidad enrevesada, pero sí es una realidad que la cantidad de suicidios o intentos de ello, así como el consumo de antidepresivos, ansiolíticos y benzodiacepinas ha aumentado de manera alarmante, y sin vistas de descender a corto plazo.

Hoy mismo he leído otra noticia sobre un caso de bullying que ha terminado con un adolescente quitándose la vida. No es ninguna novedad, por desgracia.

Pese a que nos empeñamos en ver el presente como algo mejor, como algo bonito, e intentemos, como sociedad, mirar hacia otro lado ante los problemas evidentes, el mundo sigue siendo un lugar que deja mucho que desear.
Y podríamos seguir si profundizamos en el tema de la criminalidad o de las adicciones. Y mejor no hablar del aumento drástico de las personas en situación sin hogar.

Es evidente que las cosas no están yendo del todo bien, que todavía queda mucho trabajo por hacer, y que hay muchas personas que se sienten perdidas y desamparadas.

Podríamos abrir un largo debate sobre a qué se debe todo esto.

¿Es culpa nuestra como personas? ¿Es culpa nuestra como sociedad? ¿Es culpa de alguien más?

Todos podemos mirar hacia adentro, hacia los lados, hacia arriba… Pero la realidad es que mucha gente prefiere, simplemente, no mirar hacia ningún lado.

“Ojos que no ven, corazón que no siente”, y así sigue la sociedad con una venda sobre sus ojos. Caminando en línea recta hacia un desfiladero, sin siquiera detenerse un segundo a cuestionar.

Y la realidad es que, tal vez nuestro corazón no sienta ese dolor, pero… ¿Qué hay del corazón de la persona que tenemos al lado? ¿Qué hay de todo ese dolor que aumenta? ¿Dónde quedan todas esas personas que se sienten solas y perdidas? Quizás, si nos atreviésemos a mirarnos a los ojos los unos a los otros, el mundo sería un lugar distinto.

Es entristecedor ver cómo, pese a todas las posibilidades que estos tiempos nos ofrecen, el ser humano parece estar cada vez más desconectado de todo y todos cuanto nos rodea.

Quizás nos quede un largo recorrido para lograr construir un mundo mejor para todos, un mundo en el que cada persona pueda ser quién realmente es, sin temor a ser juzgado, criticado, o atacado por aquellos que desprecian o temen todo aquello que no comprenden.

Tal vez pensar en un mundo así no sea sino una utopía, una ensoñación de un iluso que se niega a dejar de soñar.
Y con todo ello, me gusta pensar que estamos encaminados, que vamos en buen rumbo para acercarnos a ello.

Pero dudo de ello, dudo de todo. 
“Dudar es de sabios, solo un necio da las cosas por sentado”.

viernes, 8 de agosto de 2025

Avance y retroceso


La vida avanza, y yo he avanzado con ella, no lo negaré.

Las cosas han mejorado mucho.
He salido de situaciones peligrosamente dolorosas y complicadas, mi familia ha conseguido, por fin, algo de paz también.

He conseguido un trabajo que me hace feliz, que me llena, con unos compañeros a los que estoy eternamente agradecido por cómo hacen las cosas, por su buena actitud, por su empeño, y por aguantar mis largas horas desvariando y hablando sin parar.

He conseguido mudarme con mi pareja de nuevo, a un lugar bonito, un lugar distinto al resto de lugares en los que he vivido. Un sitio que realmente me gusta.

Terminé mi saga, publiqué un poemario ilustrado con mi pareja, a través de una editorial. Y tengo un montón de proyectos en marcha.

Estoy relativamente bien de salud.

En rasgos generales, la vida me va bien, y debería estar feliz.


Entonces… ¿Por qué me siento así?

¿Por qué no puedo dejar de sentir esta soledad, esta tristeza, este dolor desgarrador que me está volviendo loco?

¿Por qué no soy capaz de recuperarme del daño?

No sé qué está mal en mí, pero hace tiempo que no disfruto ni siquiera de mis “logros”.

Terminé la saga, y siento más tristeza por ello que alegría.

Quiero más, necesito más.

 

Nada parece llenar este vacío que me consume desde dentro, que me atrapa y me arrastra hacia esa Oscuridad que me lleva persiguiendo toda la vida.

¿Por qué no puedo sentirme bien?

¿Qué diablos necesito? ¿Qué estoy buscando?

“¿Y qué buscas?” me preguntaron una vez. Desde entonces lo que busco es la respuesta a esa pregunta.

 

Antaño afirmé ser un buscador de la Verdad, no sé si la encontraré algún día, pero tampoco sé si hacerlo me destruiría.

¿Cuál es la Verdad? ¿Qué haría con ella?

Siento que voy detrás de algo que quizás ni siquiera existe, y el problema es que tampoco sé de qué se trata.

¿Cómo puedo ansiar tanto algo que desconozco?

 

Hay personas que me ven como alguien negativo, siempre ha habido gente que me consideraba así. Puedo entender por qué.

Pero la realidad es muy distinta.

No soy una persona negativa, no soy un desesperanzado, un resignado. No soy solo oscuridad.

El problema es que, pese a todo, sigo siendo un iluso, un idealista, un soñador. Sigo sintiendo una fe ferviente, y viendo el mundo como un lugar lleno de luz y esperanza.

Y eso es doloroso, porque no puedo evitar sentir algo tremendamente oscuro y dañino que trata de robar esa luz.

Observo a mi alrededor, y siento que el mundo está lleno de monstruos.

Veo tantas incongruencias, tantas injusticias, tanto dolor innecesario… Tanta maldad.

Tanta gente sufriendo sin motivo, sin sentido, sin tenerlo merecido.
Dolor causado por monstruos disfrazados de humanos, solo para alimentar su propio ego.

Tanta gente sola, silenciada e incomprendida…

El mundo es un lugar lleno de luz, pero se empeñan en intentar apagarlo.

 

Ya lo dijo William Shakespeare: “El infierno está vacío y todos los demonios están aquí.”

viernes, 25 de julio de 2025

Ruido y silencio


A veces, el silencio y el ruido se presentan de formas muy distintas.

Hay momentos en los que, pese a todo el ruido exterior, tú sientes un silencio desolador. Tanta gente, tantas personas en el mundo y, sin embargo, nadie parece decir nada.

Observas a tu alrededor, buscas algo en sus miradas, una chispa, un reflejo. Cualquier indicio de que están realmente ahí, de que pueden verte.

Pero lo único que encuentras ese ese desgarrador silencio que reafirma la soledad en la que estás sumido.

Lanzas gritos de auxilio, intentas desesperadamente que alguien te escuche, pero, dentro de ese terrible ruido nadie puede oírte. Solo hay silencio.

Y es en ese momento en el todo cambia. Poco a poco, dejas de escuchar el ruido que te rodea. Empieza a hacerse imperceptible, hasta que dejas de escucharlo por completo.

Ahí es cuando comienza el verdadero ruido.

Tu mente grita, lanza alaridos de dolor. Miles de pensamientos por segundo.

Empiezas a sentirte desbordado.

Sientes que no eres nadie, que no eres nada.

Nadie puede verte, nadie quiere verte.

Has buscado ayuda, has suplicado clemencia.

Has confiado en aquellos que se acercaron presentándose como aliados, pero que luego fueron los primeros en apuñalarte por la espalda y pisotearte.

Has perdonado, y, con mucho esfuerzo, has conseguido volver a abrirte ante otras personas. Has vuelto a confiar en ellos, incluso a quererlos...

Solo para que, una vez más, te hayan apuñalado en lo más profundo de tu ser.

Llegas a niveles de desesperación en los que te planteas realmente si todo esto merece la pena.

El dolor se hace tan grande que sientes que estás enfermando.
Cada respiración te duele, cada latido de tu corazón se siente como puñales clavándose.

Apenas duermes, y lo poco que lo consigues, tienes pesadillas.

Ni siquiera hallas consuelo en tus sueños.

El tiempo avanza, y tú te vas transformando.

Cada pequeño detalle, cada desilusión, cada decepción... Todo ha ido contribuyendo a que te conviertas en quien eres ahora.

Te miras al espejo y ya ni siquiera te reconoces en él.

Entre todo el escándalo de tu mente, hay un pensamiento que cada vez va tomando más y más peso: "¿Para qué seguir?".

Comienzas a plantearte cosas, a perder poco a poco la cabeza.

Piensas que, si dejases este mundo repentinamente, no le importaría prácticamente a nadie.

Pese a todo, y sin tener claro el motivo, sigues adelante. Luchando contra un mundo hostil con aquellos que no siguen los patrones de la impuesta "normalidad", luchando contra monstruos egoístas y sádicos que se regocijan de tu sufrimiento.

Luchando contra tu propia mente, contra tus propios pensamientos.

Llegas a un punto en el que realmente no sabes si todo es real, o tan solo estás atrapado en una pesadilla.

Pero sigues caminando, no te detienes. No te permites desfallecer.

Pase lo que pase, sigues adelante.

Con el tiempo tu personalidad y tu forma de pensar han cambiado tanto que ya apenas te reconoces.

Dejas de buscar esa chispa o reflejo en la mirada de los demás.

Dejas de buscar esa conexión con otras personas.

Dejas de buscar ayuda ahí fuera.

Dejas de confiar.

Y otra vez, ruido y silencio vuelven a cambiar.

Ya no hay un silencio y un ruido, ahora hay una mezcla de ambos en la que has aprendido a moverte.

Te has curtido, has desarrollado fortalezas, y has aprendido a caminar a solas.

No necesitas a nadie, puedes vivir perfectamente por tu cuenta.

Pero, sin embargo, algo dentro de ti se niega a soltar ese deseo.

Algo en interior que no has logrado silenciar, sigue fijándose en la mirada de los demás. Esperando encontrar esa chispa o reflejo.

A veces ni siquiera eres consciente de ello, pero está ahí, oculto en ti.

Entre todo el ruido se abre una pequeña franja de silencio en la que puede escucharse una pequeña voz.

jueves, 23 de enero de 2025

23/01/2025

 


Hace algún tiempo que no escribo por aquí, demasiado.

No es porque sienta que no tenga nada que decir, al contrario. En innumerables ocasiones he sentido el deseo de publicar algo, incluso se me han ocurrido ideas que considero buenas para venir aquí a plasmarlas.

Sin embargo, cada vez que me pongo ante la hora en blanco, siento que no soy capaz de escribir nada.

Como si un silencio ensordecedor se adueñase de mi mente y enmudeciese a mis manos.

 

Me detengo a pensar en los últimos meses, y me doy cuenta de que llevo en una “caída libre” demasiado tiempo. Pero si echo la vista aún más atrás, me estremece darme cuenta de que, en realidad, ni siquiera recuerdo el momento en el que empecé a caer.

Hoy me fui a comer a un restaurante sin más compañía que mi cuaderno y mis bolígrafos. Y allí estuve, comiendo rodeado de gente, pero sintiendo que estaba solo en el mundo.

Estoy seguro de que muchos de vosotros os habéis sentido así en algún momento de vuestras vidas. Completamente rodeados de personas, pero sintiendo que no eran otra cosa que relleno en un mundo inmensamente vacío.

Y, precisamente, sobre eso he escrito en mi cuaderno, así que he decidido probar algo “nuevo”.

No voy a escribir aquí, en “frío”, los pensamientos que vinieron a mi mente en esos momentos. Voy a dejar que los leáis tal cual salieron de mí.

Espero que la vida os trate bien.

Un abrazo.


Desconexión

  Estamos en una era en la que conectar con otras personas es más sencillo que nunca. Hay mucha más accesibilidad a información, datos, pers...